Cuando fuimos saliendo del pueblo rumbo a la Serena empezó a llover. Primero tímidamente pero luego cayeron estos goterones gruesos que tanto me gustan. Sin embargo, el camino que va hacia la Carretera (Ruta 5 Norte) tiene una superficie de "bichufita" que consiste de greda y sal y si moja el camino es como conducir sobre jabón. Iba más lento que los burros pero igual casi salí del camino. Era aterrador pero llegamos bien y asustados a la Carretera. De ahí a la Serena ningún drama a pesar de una lluvia torrencial. Volver el mismo día era descartado: el camino era intransitable.
Cuando volvimos el día después me dí cuenta que era muy buena la lluvia. En el huerto se lavaron los olivos y llegaron a brillar con millones de gotas en los árboles que con el reflejo del sol parecían diamantes. Con olor a humedad y frescura y las aves vueltas locas: llegaron los yales de la cordillera con su canto de gato hambriento. La cosecha está avanzada pero quedan muchas aceitunas todavía y dejo las chicas para que maduren. Estas me sirven para hacer aceite de oliva...
Era la primera lluvia del año y ahora se habla de la corriente del Niño que se estaria acercando. Seguro que lloverá más y con suerte baja el río en la quebrada. Me recuerdo un año que estaba cosechando con el río corriendo al lado: inolvidable. Era agua del deshielo, heladísima y clarita. En 15 días más todo estará verde. Los pocos crianceros que quedan están muy contentos. Les convidaba maleza del huerto para sobrevivencia de las cabras. Esta lluvia hizo feliz a mucha gente.



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