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Lluvia

Enviado por Jan van Dijk el 22/06/2008 a las 10:11 PM

Cuando fuimos saliendo del pueblo rumbo a la Serena empezó a llover. Primero tímidamente pero luego cayeron estos goterones gruesos que tanto me gustan. Sin embargo, el camino que va hacia  la Carretera (Ruta 5 Norte) tiene una superficie de "bichufita" que consiste de greda y sal y si  moja el camino es como conducir sobre jabón. Iba más lento que los burros pero igual casi salí del camino. Era aterrador pero llegamos bien y asustados a la Carretera. De ahí a la Serena ningún drama a pesar de una lluvia torrencial. Volver el mismo día era descartado: el camino era intransitable.

Cuando volvimos el día después me dí cuenta que era muy buena la lluvia. En el huerto se lavaron los olivos y llegaron a brillar con millones de gotas en los árboles que con el reflejo del sol parecían diamantes. Con olor a humedad y frescura y las aves vueltas locas: llegaron los yales de la cordillera con su canto de gato hambriento. La cosecha está avanzada pero quedan muchas aceitunas todavía y dejo las chicas para que maduren. Estas me sirven para hacer aceite de oliva...

Era la primera lluvia del año y ahora se habla de la corriente del Niño que se estaria acercando. Seguro que lloverá más y con suerte baja el río en la quebrada. Me recuerdo un año que estaba cosechando con el río corriendo al lado: inolvidable. Era agua del deshielo, heladísima y clarita. En 15 días más todo estará verde. Los pocos crianceros que quedan están muy contentos. Les convidaba maleza del huerto para sobrevivencia de las cabras. Esta lluvia hizo feliz a mucha gente.

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Lunes 5 de Mayo

Enviado por Jan van Dijk el 05/05/2008 a las 08:46 PM

Había poca claridad hoy en el aire. Todo borroso. El cielo azul con promesa de viento sur. Toda la noche se escuchaba el mar. Se picó la Maruja. Nada de levantarse temprano y sacar corvinas, en cambio un desayuno tranquilo y luego caminar los 400 metros al huerto. Siempre estoy pendiente de huellas de cabras, una plaga inevitable en el campo. Los pocos animales que quedan están hambrientos, flacos y desesperados. Abajo mi casa está el bebedero de animales, toman agua y ven el verde de los huertos y entran. Tengo el cierre perimentral en regular estado, una cabra que recorre el cierre puede encontrar una apertura y entra. Comen los olivos por eso no saco la maleza, que coman maleza entonces. Hay un criancero reporfiado quien siempre niega que son las cabras de el que entraron, pero con enojo, amenazas y rabia no podía conseguir nada. Ahora regalo pescado a su señora y santa remedio: mantienen alejado al ganado. Hasta me saluda.

Corté aceitunas hasta aburrirme. Un coro de tencas me acompañaban. Uno me daba risa por su imitación de un caballo relinchando. Tíngaras pasaban tan rápidas que solamente se escuchaba el zumbido de las alas. En la tarde corría un viento muy helado, penetrante. Los cerros se cubrían con un velo, escondiendo su belleza.